Toda una vida tirada en el camino.
Toda una vida tirada en el camino.
Memoria ultra corta

por Gianfranco Costa, canario de adopción 

Cada vez que iba con mis padres a visitar a mis abuelos, estaba yo de fiesta. Aunque con los simples criterios de un niño, me quedaba fascinado por los cuentos de cuando el padre de mi madre consiguió escapar de aquel campo de prisioneros en Albania o de su rocambolesca aventura en Grecia, recorriendo cientos de kilómetros a pie, escondiéndose y luchando contra miles de peligros. Me lo imaginaba yo como si él estuviera cabalgando un poderoso dragón que echaba ríos de fuego por las narices, armado de lanza y espada, un caballero noble y fuerte, fortísimo, casi todopoderoso; pero la realidad era muy diferente. Me contaba mi madre que, cuando por fin mi abuelo consiguió volver a casa estaba irreconocible: tanto por la larga barba, como por los meses de hielo y sudor sin poderse duchar o por la pinta de ladrón que tenía, debido a los muchos sufrimientos que las monstruosidades de la guerra le había infligido sin piedad. Su mujer se precipitó saltando fuera de la casa para llamar gritando a todos los niños de la familia, para que volviesen enseguida; por el gran susto mi abuela sólo podía seguir gritando. Ella, la mujer de su vida, no lo reconoció.

El inmenso dolor de la guerra cambia profundamente a la gente, les inflige cicatrices que ningún consuelo puede borrar, arrugas de dolor y llanto por los compañeros que no tuvieron la misma suerte que los que consiguieron volver.

Recuerdo como si fuera ayer esas arrugas que surcaban profundamente el rostro de mi abuelo, bronceado por el sol de la tierra que trabajaba sin parar. Cuando acabó la guerra, mi País estaba hecho polvo, literalmente: ruinas por doquier, las palas mecánicas quitaban sin parar toneladas de escombros mezclados con muñecos sin dueños, trozos de cemento empapados de sueños rotos; el hambre era capaz de consumir incluso los débiles huesos, el mercado negro había consumido hasta los últimos sueltos, la gente lo pasaba muy, muy mal. Una nación de campesinos analfabetos, pobres hasta la médula y sin ninguna perspectiva de futuro. La única salida era volver a trabajar la tierra, sembrando y esperando. Mis abuelos eran afortunados porque tenían un trozo de tierra para cultivar, pero la mayoría de sus coetáneos ni eso, sólo les quedaba emigrar. El sueño americano era para ellos el único escape; salieron de Italia con muchas ilusiones encerradas dentro de unas maletas de cartón muy parecidas a la de la foto, con una cuerda en lugar de cerradura. Los grandes barcos les transportaban en tercera clase como ganado hacia los Estados Unidos, Argentina y Canadá, como si fuese un poderoso ejército de muertos de hambre que sólo podían contar con la compañía de sus pulgas y sus esperanzas de resurrección; en los bolsillos, nada que perder. En España pasó algo parecido, la tragedia de la Guerra Civil obligó a miles de ciudadanos a emigrar; las fotos que muestran las interminables columnas de refugiados españoles llamando a las puertas de Francia son muy similares a las de los inmigrantes italianos en el mismo período. Las caras eran un poco diferentes pero las maletas de cartón eran las mismas. Mismos sueños, mismas ilusiones, mismo dolor, mismas pulgas. Nuestros tatarabuelos sabían qué quiere decir huir de las monstruosidades de la guerra en búsqueda de una posible vía de escape, aunque muy humilde, siempre cuesta arriba. También conocían el enorme valor de la solidaridad de los pocos dispuestos a dar un poco de ayuda durante el camino, un bocadillo, un trago de agua y una manta para aguantar un día más.

La lástima es que este recuerdo, el don de la solidaridad que nuestros abuelos recibieron mientras escapaban de la guerra, este patrimonio de experiencias de vida vivida se perdió durante el transcurso del tiempo.

Ese mensaje no ha llegado a las nuevas generaciones por nuestra culpa, la educación que dimos a nuestros hijos ha sido ineficaz; en lugar de enseñarles valores y principios éticos, les llenamos la existencia de todo lo superfluo. Los gobernantes de hoy en día a veces no saben qué quiere decir sobrevivir gracias a la ayuda de los demás, no tuvieron que depender dela ayuda solidaria de la gente común encontrada durante el camino, no tuvieron que huir de nada. Otra gente, ciudadanos de otras naciones, hoy en día están huyendo de la misma tragedia de la guerra; los millones de sirios que ahora se encuentran en la misma situación de miedo y sufrimiento que nuestros antepasados vivieron en su momento; pero ahora esa gente recibe cargas policiales en lugar de bocadillos, encuentra su camino
cerrado por horrorosas vallas de alambre de púas, como si fueran criminales.

La responsabilidad cruel de la Europa actual es aún mucho mayor, porque esa gente está huyendo de la guerra que los propios países europeos han respaldado con sus contingentes militares para apoyar a los Estados Unidos. Es decir, primero bombardean Siria dejando sólo muerte y destrucción y luego rechazan a los refugiados que huyen de sus propias bombas. La mayoría de los monstruos del terrorismo internacional de las últimas décadas, incluso el dichoso “Estado Islámico”, son criaturas de los Estados Unidos. Precisamente como Osama Bin Laden y su organización fueron entrenados en su momento en campamentos militares norteamericanos, lo mismo ha pasado con los asesinos del “Estado Islámico”. Lo raro es que en los comunicados retransmitidos por los medios de todo el mundo esa gente hable un perfecto inglés con fuerte acento de Londres. Curioso, ¿verdad?
Bueno, la sed de conquista de los EE. UU. y su economía de la guerra quedan fuera de nuestro alcance, pero tenemos la posibilidad de actuar en otras direcciones, podemos cuidar de la salud ética de nuestros hijos. Si no lo hacemos, la memoria ultra corta condenará a nuestros nietos a transformarse en monstruos ingratos sin piedad.

La educación que reciben las nuevas generaciones es fundamental para evitar que los nietos de los que sobrevivieron gracias a la solidaridad de extranjeros desconocidos, se transformen en los fascistas de mañana.

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