Tarabilla
www.medioambiente.com - Foto: Gustavo Peña Tejera

Por Leila Umpiérrez Flores, Licenciada en Biología Animal y Ambiental

La Tarabilla canaria, (Saxicola dacotiae), po­pularmente conocida como caldereta, rueca o cartucho, es una de las aves incluidas en el gru­po de los paseriformes, (aves cantoras). Es de gran importancia para Fuerteventura ya que se trata de una especie endémica de la isla; la podemos encontrar exclusivamente nidifican­do aquí.

Se trata de un pájaro pequeño de aspecto re­choncho, pico fino y patitas negras. De adultos se diferencian perfectamente ambos sexos. El macho, mucho más vistoso, se distingue por su cabeza negra, ceja y garganta blanca, man­cha blanca en el ala, y el pecho anaranjado. La hembra, en cambio, es más pálida y grisácea sin esas manchas blancas características. En el pasado habitó los islotes de Alegranza y Montaña Clara, pertenecientes al Archipiélago Chinijo, pero se extinguieron probablemente antes de mediados del siglo XX, ya que no han habido observaciones de la especie posterio­res a 1914. En Lanzarote ha habido algunas menciones en el sur de la isla pero nunca se han encontrado indicios de nidificación. Sin embargo en Fuerteventura se trata de un ave ampliamente distribuida.

La podemos encontrar en zonas terrosas-pedregosas con elevada pendiente y con cier­to desarrollo de arbustos y matorrales, típico de laderas y barrancos, aunque también se pueden observar en cultivos, malpaises y oca­sionalmente en llanos. Además se trata de una especie territorial. Una vez elegida su área, permanece en ella durante toda su vida, salvo que se destruya el sitio por causas externas, o que no pueda atraer a una pareja para la re­producción.

En la isla hay muchos hábitats parecidos, así que esta fidelidad al territorio supone una estrategia de supervivencia. Estos pajaritos permanecen y defienden un espacio determi­nado donde se garantiza su alimento. Esta te­rritorialidad es tal, que son capaces de expulsar de su zona no sólo a otros individuos de tarabilla, sino también a otras especies insec­tívoras que podrían competir con ellas por el alimento.

Algo curioso de estas pequeñas aves es que una vez el macho haya elegido “su hogar”, y a una hembra le guste su espacio para nidifi­car, dicha pareja de tarabillas permanecerán juntos durante el resto de su vida. Son fieles a su pareja, como en las bonitas historias de amor, defendiendo ambos sus límites territo­riales sobre todo en las épocas de reproduc­ción. La hembra es la encargada de hacer el nido e incubar los huevos mientras el macho la protege. Una vez nacidos los pollos, son alimentados por ambos progenitores. Como siempre tiene que haber una excepción, como cuenta el Biólogo Juan Carlos Illera en su ex­posición en el III Café Científico de Fuerte­ventura 2014, en su tesis sobre las Tarabillas, después de seguir a unas 70 parejas durante 6 años sólo encontró un caso de divorcio, que se produjo tras la primera puesta donde la hem­bra abandonó al macho y puso una segunda puesta con otro, siendo su primera pareja la que sacó adelante el solo a los pollos.

La cantidad de huevos por nido, (que varía entre 2 y 5), así como el número de puestas están directamente relacionados con las pre­cipitaciones anuales, ya que es lo que deter­mina la cantidad de alimento disponible. En los años lluviosos, pueden llegar hasta a dos puestas anuales, sin embargo, en años malos, (secos), se reduce a 1 o incluso ninguna. En años húmedos hay un mayor desarrollo de arbustos y de insectos vinculados a la vegeta­ción, por tanto hay más cantidad de alimento que garantizará la supervivencia de sus pollos. La alimentación de la Tarabilla es principal­mente insectívora, (moscas, hormigas, gusa­nos, larvas…), y capturan a sus presas al vuelo o en el suelo. Es frecuente verlas sobre una pie­dra o rama alta, que utilizan como posaderos, desde donde acechan a pérdidas de nidos por sobrepastoreo o pér­didas de pollos y huevos por depredación de gatos asilvestrados y ratas. Por tanto, según El Libro Rojo de las Aves de España, (2004), con­sidera a esta especie “En Peligro” mientras que El Catálogo Nacional de Especies Amena­zadas la cataloga como “Vulnerable”. La Tara­billa canaria, es una especie de gran valor eco­lógico que aumenta la riqueza faunística de España y concretamente de las Islas Canarias, ya que es la única, de las cuatro especies de aves endémicas del Archipiélago, restringida a una sola isla. A pesar de poder ser una espe­cie emblemática para Fuerteventura se trata de un pájaro popularmente desconocido, si lo comparamos con otras aves como el Guirre o la Hubara, con lo cual resulta más difícil prote­ger lo que no se conoce.cualquier insecto o in­truso que entre en su territorio. También, aun­que en menor medida, pueden incluir en su dieta pequeños frutos y semillas.

En el único censo realizado hasta la fecha, (Bibby & Hill 1987), se estimó una población entre 600 a 800 parejas, pero debido al in­tenso desarrollo turístico sufrido en la isla, principalmente en el sur, (barrancos de Bu­tihondo, Mal nombre, Ciervo, etc.), es muy probable que se haya reducido el número de individuos reproductores por destrucción de su hábitat. Otras causas de amenazas son las pérdidas de nidos por sobrepastoreo o pér­didas de pollos y huevos por depredación de gatos asilvestrados y ratas. Por tanto, según El Libro Rojo de las Aves de España, (2004), con­sidera a esta especie “En Peligro” mientras que El Catálogo Nacional de Especies Amena­zadas la cataloga como “Vulnerable”. La Tara­billa canaria, es una especie de gran valor eco­lógico que aumenta la riqueza faunística de España y concretamente de las Islas Canarias, ya que es la única, de las cuatro especies de aves endémicas del Archipiélago, restringida a una sola isla. A pesar de poder ser una espe­cie emblemática para Fuerteventura se trata de un pájaro popularmente desconocido, si lo comparamos con otras aves como el Guirre o la Hubara, con lo cual resulta más difícil prote­ger lo que no se conoce.

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