Simpson, ¿son canarios?

Por Gianfranco Costa, canario de adopción

Aunque no tuve la suerte de nacer en esta tierra maravillosa, de todas formas la elegí como lugar donde vivir hace ya unos cuantos años. Los majoreros de mi pueblo me acogieron con simpatía, a pesar de que un extranjero siempre provoca un poco de incertidumbre, o quizás sospechas, sobre todo en una isla, por la propia definición de la palabra.

Así que precisamente aquí he vuelto a implantar profundamente mis raíces. Si algún otro extranjero me pregunta si soy canario, tengo que contestar que no; pero si la pregunta fuera “¿Te sientes majorero?”, entonces no dudaría una milésima de segundo en contestar que sí. Cuando tengo este tipo de pensamientos, me vuelve a la memoria una frase que la protagonista de la película El Código Da Vinci recita casi al final de la trama: “… somos lo que defendemos, creo… por lo que luchamos”. Precisamente esto define mi identidad: me siento majorero aunque no lo soy de nacimiento porque esta es mi tierra, quiero defenderla, luchar para que no la destruyan.

No creo ser la única persona que razona de esta forma, cualquiera defiende lo que tiene, lo que piensa, lo que cree justo, y lo hace hablando, a veces escribiendo pero de todas formas siempre actuando para explicar sus propias razones. Pero en esta tierra donde la realidad a menudo supera a la fantasía unas cuantas veces, a lo largo de estos años he visto y conocido a muchos majoreros que, para lucrarse y especular, están dispuestos a traicionar a su tierra, a destrozarla, incluso a humillarla por dinero.

Un vertedero ilegal es el ejemplo más rotundo para expresar esta idea. Hay muchos puntos de vista que se pueden subrayar en un caso como ese: la contaminación de la tierra que le ha dado la vida a uno; el desprecio del derecho de los demás a gozar de ella; la inconsciencia de actuar de manera que, dentro de un tiempo, sus propios nietos podrían beber agua contaminada por esa basura descontrolada, etc. Pero no existe solamente ese tipo de traidor a su tierra, por aquí pasan cosas aún peores, hay muchos tipos de canarios traidores de Canarias.

Hace unos pocos días, el 8 de abril, el periódico La Provincia publicó una noticia absurda: “Pájara destroza un yacimiento aborigen para construir un corral para las cabras. El Ayuntamiento edificó una gambuesa y un merendero encima de la zona arqueológica de Gran Valle”. El ayuntamiento de uno de los lugares turísticos más famosos del planeta destruye un hallazgo de su propio patrimonio (!!) para construir un corral de cabras.

Bueno, sé que estamos hablando de Fuerteventura, no pretendo que los responsables de la protección del patrimonio arqueológico resulten ser graduados en Bellas Artes o incluso arqueólogos, me doy cuenta de que sería pedir demasiado en el paraíso del ladrillo a lo loco; pero por lo menos alguien que haya finalizado la educación primaria, por Dios. Alguien cuyo cerebro no se parezca al de la foto.

Los que están atentando contra la Montaña Sagrada de Tindaya son canarios de nacimiento. Otro caso de ignorancia sin fin, ya que aunque estos personajes viajen con traje y corbata, están dispuestos a vender su patrimonio histórico a unos cuantos “inversores internacionales”, como acaba de declarar en una entrevista el arquitecto responsable de la ejecución del horroroso proyecto de Chillida.

Aquí no se trata de una inversión para proteger un sitio arqueológico único a lo largo de todo el planeta; se trata de hacer un inútil y muy arriesgado agujero en la propia Montaña Sagrada para sacarle traquita y venderla al mercado de las varias mafias locales. Nada de protección arqueológica, se quiere destruir el propio Monumento Natural, que precisamente ¡ya existe!

El último ejemplo que voy a poner es quizás el más gordo, el que mejor fotografía la corrupción innata que alimenta las instituciones públicas canarias: el dichoso anteproyecto de la ley de suelo. Se trata de algo que en un país civilizado inmediatamente causaría la dimisión del impulsor. Más aún: llamarían una ambulancia medicalizada para trasladarlo enseguida a un centro de salud mental para su recuperación.

Esa locura de ley prácticamente permitiría a los ayuntamientos, a pesar de todos los criterios de protección vigentes, que solo con una simple licencia de obra puedan edificar lo que sea en cualquier sitio. Precisamente como actuaba la mafia siciliana en los años cuarenta del siglo anterior.

Quien tenga un cuñado corrupto trabajando en la concejalía de urbanismo puede hacer todo lo que le dé la gana, un verdadero insulto a la legalidad y a la propia ética. Esta gente son bandidos, quizás conscientes o quizás no, pero nada más que bandidos. Creen que disfrazarse de canarios en la noche del Baile de Taifas constituye la esencia de los canarios. No, señoras y señores, los canarios son gente valiente, lucharon contra los depredadores de España que llegaron para colonizarles, son gente que no vende su alma por treinta monedas.

Los que actúan según los ejemplos que puse arriba no son canarios, a pesar de sus datos de nacimiento: son vulgares traidores de Canarias.

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