por Gianfranco Costa, canario de adopción.

Miopías políticas
Erbania es una perla preciosa. No hay muchos lugares a lo largo de todo el planeta capaces de capturar el alma de quien la visite como sucede aquí. Así pues, parece algo natural y también inteligente que se desarrolle una importante actividad turística, es obvio. Sobre todo en un momento en que la situación sociopolítica del resto del continente africano es tan inestable debido a los intereses económicos que siguen saqueándolo sin escrúpulos a diario, la mayoría de los turistas vienen a gozar de este paraíso tan encantador.

Para tomar decisiones que puedan establecer las directrices para el desarrollo de un modelo económico adecuado, hay que tener en cuenta muchos factores, todos ellos de importancia bastante crítica: si se toma el camino equivocado, las consecuencias podrían resultar dramáticas con el tiempo. Lo que yo me imagino es que los políticos que hasta ahora tuvieron que enfrentarse a este tipo de análisis, quizás no hayan gozado de una sabia visión estratégica, de una mirada sutil capaz de tener en cuenta todos los elementos, sino sólo consideraron los más simples.

Puede que se trate de una mentalidad provinciana o de poca cultura, o quizás de incapacidad: por ejemplo, ante un Monumento Natural (la montaña de Tindaya) lo único que saben hacer es destruirlo agujereándolo. Lo que resulta claro es que todos los que conozco mejor hasta ahora, aman lucirse por haber “transformado un humilde pueblo de pescadores en una industria del turismo”. Seguimos abriendonuevas rutas para conectar directamente con más países, nuevas vías potenciales para atraer enormes cantidades de dinero y de riqueza para la gente de aquí. Y esto en el mejor de los escenarios posibles, porque en el peor ese flujo enorme de turistas sólo engorda a los profesionales del “todo incluido”: aumentan los visitantes pero no los puestos de trabajo.

 

Que quede muy claro: yo también, en su piel, buscaría la manera de aprovechar, económicamente hablando, los flujos de capitales que pueden llegar del turismo;pero lo haría de manera muy diferente. Entre los millones de viajeros que llegaron y siguen llegando, un importante porcentaje decidió invertir aquí una parte de su capital, y esto también me parece lógico: si se atraen turistas, está claro que luego van a llegar con su dinero, sus idiomas y su manera de ver la vida. Lo primero que los canarios pudieron averiguar es lo fácil que resulta vender a esa gente terrenos y casas, o alquilarles pisos; una manera muy rápida de recolectar dinero, mucho más fácil que trabajando la tierra y manteniendo gavias. Más aún teniendo en cuenta el drama del paro que España está experimentando por la incompetencia de sus gobernantes en Madrid.

Yo mismo llegué así a esta magnífica isla, lo hice después de visitarla como turista. Pero dejar que la política desenfrenada del ladrillo transformase la propia vocación salvaje de este territorio,

violándolo para que pudiera parecerse a una especie de Beverly Hills africana de los pobres (echen un vistazo a Costa Calma o a Morro Jable, por poner dos ejemplos), ha generado por un lado la creación de monstruos urbanísticos (es suficiente dar un paseo por las calles iguales de Tamaragua para darse cuenta de las decenas de casas abandonadas y la cantidad de vidrios rotos por bandas de niños caprichosos jugando a los vándalos, probablemente porque no saben qué hacer); sitios donde después, como mínimo, hay que implementar servicios de agua, luz y transportes. Y por otro lado, como las construcciones necesitan trabajadores que sepan levantarlas, se ha transformado de manera profunda la vocación natural de aquel pueblo de pescadores y ganaderos a lo largo de las últimas décadas.

¿En qué consiste la miopía política de la que hablo? Desde mi punto de vista, en haber creado un enorme ejército de albañiles y de camareros, obviamente necesarios como el agua en un contexto parecido (por lo menos hasta que dure el periodo de vacas gordas del turismo), pero que no deja espacio a otras profesiones (y culturas) de nivel más alto. Tal vez sea esta la causa por la que muchos de nuestros universitarios tienen que dejar el país para encontrar trabajos de calidad afuera. Además, muchos jóvenes protagonizan aquí el muy preocupante fenómeno del abandono escolar; quizás algunos se dan cuenta de que, para conducir un taxi o para transportar platos de la cocina a las mesas (la mayoría de las veces cobrando “en negro”) no se necesita graduarse en física cuántica.

Quien me conoce sabe que no me gusta criticar por el gusto de hacerlo, intento sugerir alternativas. ¿Yo qué haría? Por ejemplo empecemos a remplazar todos los coches que circulan por la isla por vehículos eléctricos o con motor de hidrógeno; ¿Cuántos miles de técnicos especializados se necesitarían para poner en marcha una red de distribución de esos nuevos transportes verdes en toda la isla?

Solo se trata de un ejemplo para evidenciar que siempre hay una alternativa para evitar “crear” puestos de trabajo de muy baja calidad, y llenar nuestro paraíso de cemento y horrendas casas vacías; esta no es la única posibilidad ni la más inteligente, primero porque, si se destruye el paraíso, no habrá más turismo. Solo se necesitan políticos capaces de mirar hacia el futuro de una manera un poco más profunda de como lo hace nuestro amigo de la foto…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.