Por Leila Umpiérrez Flores, licenciada en Biología Animal y Ambiental. leydelei@hotmail.com

Siguiendo este mes con aves migratorias y aprovechando la época, quisiera hablar de una que ha llamado mi atención en estos días, ya que la he visto frecuentemente en la costa: el charrán común (Sterna hirundo).

Los charranes, aquí comúnmente conocidos como garajaos, son unas aves marinas de tamaño mediano que se pueden ver en las costas canarias durante todo el año. Las especies varían según la estación del calendario, ya que se trata de aves con comportamientos migratorios. Tal es así, que entre ellos se encuentra el ave que más kilómetros recorre en sus travesías, el charrán ártico (Sterna paradisaea), la cual viaja desde el océano Ártico, donde cría, hasta el polo sur, donde pasa el invierno, recorriendo 20 000 km de ida y otros tantos de vuelta.

 

Las características principales de los charranes los hacen inconfundibles. Aunque a simple vista pueden parecer gaviotas, tienen las alas más largas y finas, son más estilizados, de color blanco prácticamente en su totalidad, con pico recto y puntiagudo, con la cola horquillada. Su vuelo es rápido y ligero, por ello se las considera las golondrinas del mar, y es muy característica la forma que tienen de cazar peces al estilo de los alcatraces, dejándose caer en picado desde las alturas. Es todo un espectáculo mirarlos.

Si los vemos posados, lo que es bastante frecuente en puertos pesqueros o sobre barcos, tienen las patitas cortas que parecen descompensadas en relación con su cuerpo, más pequeño que el de una gaviota. Suelen tener el capirote negro (a modo de cabellera) pero esto, al igual que la coloración del pico, patas y torso, va a depender de la especie, de la edad (sean juveniles o adultos) y también de la época del año.

Los charranes comunes miden entre 31 y 35 cm de longitud y entre 90 y 95 cm de altura, con las patas de color rojo y el pico también rojo, con la punta negra. El capirote negro va desde el pico hasta la nuca, abarcando el área del ojo; la parte superior de las alas es de color gris claro. Esta coloración estival la pierde en invierno, cuando las patas y el pico se ennegrecen , la frente es blanca, y se le ve una mancha negra en el hombro. Los juveniles tienen parecido el plumaje al de invernada, pero con la mandíbula inferior del pico anaranjada, al igual que las patas. La cola no sobresale mucho del tamaño de las alas, dato que sirve para identificar la especie de otras similares.

Pues resulta que esta especie es de las únicas, junto con el charrán rosado (Sterna dougallii) que cría en Canarias, pero con pocas parejas. Sin embargo, en Fuerteventura antiguamente había una de las colonias más grandes del archipiélago, localizada en Corralejo. Pero las numerosas capturas para el consumo humano y la gran modificación del hábitat a causa del desarrollo turístico de la zona han provocado la casi desaparición de dicha especie en la isla majorera. Tanto es así que en 1987 se estimó que criaban entre 2 y 4 parejas, y en la actualidad parece que no crían de forma regular, pero no se descarta que haya algunos pocos que lo hagan esporádicamente.

Esta especie, que se alimenta principalmente de peces, pone sus huevos en zonas como roques o áreas costeras inaccesibles, principalmente en las islas occidentales (al contrario de lo que ocurría en el pasado); y alguna vez se han observado puestas en barcos de pesca fondeados. Después de la época de reproducción y crianza, que va desde abril hasta finales del verano, abandonan las islas para migrar a las costas africanas, donde pasan el invierno. Además, en este periodo llegan también a las islas aves desde colonias más septentrionales en sus pasos migratorios hacia el sur.

La verdad es que se trata de una especie bastante cosmopolita, encontrándose en casi todas las costas del hemisferio norte, y en invierno en las del hemisferio sur. Esto indica que no se trata de un ave amenazada globalmente, pero como ya dije en Canarias ha sufrido un fuerte declive, principalmente por la destrucción de su hábitat y por molestias antrópicas en zonas cercanas a sus lugares de reproducción, como consecuencia del desarrollo turístico en las costas. Además, se ve afectada por el aumento de la población de la gaviota patiamarilla, ya que compite con esta por las zonas de nidificación, así como por el alimento. También, al ser una especie que vive en colonias, es un punto de concentración para el ataque de depredadores introducidos, como gatos asilvestrados o ratas. Y, cómo no, se ven dañadas por la cantidad de basura, plásticos y contaminación de los mares que afecta a todas las aves marinas, hecho que asimismo es cada vez más evidente que está dañándonos a nosotros.

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