Por Cheyenne Lab.

Buenas noches, amigos del Librito M. Tranquilos, no es un error de imprenta. Se trata de lo que nos espera, una larga noche de subcultura: vuelven los de siempre y los otros intentan pactar con quien sea para ganarse una silla de oro, como en “Juegos de tronos”.

Bueno, seguimos en las no luces para hablaros del tema de este mes, el lado oscuro del séptimo arte.

Nosotros, tripulación de Cheyenne Lab, somos frikis del cine, nos gusta la ciencia ficción, las animaciones en 3D, los musicales, las comedias irónicas, nos encantan las interpretaciones dramáticas y los spaghetti western; creemos sin dudas en las espléndidas mentiras que nos cuenta este universo irreal, y siempre nos dejamos llevar por las pelis…

Pero existe también, junto al lado artístico o lúdico una parte del cine muy potente, un lado oscuro donde las pelis no son expresiones de talento sino más bien consejos de ventas: de ropa ,de coches, de armas, de estilos de vida, de mensajes políticos, de mentiras históricas.

No es nada nuevo, el cine desde su nacimiento ha sido un instrumento de propaganda y manipulación enorme.

En plena guerra fría muchas pelis alimentaban el miedo al comunismo: “La invasión de los ladrones de cuerpos”, “Manos peligrosas”, “El increíble hombre menguante”.  También hay dudas legítimas sobre las imágenes del aterrizaje en suelo lunar.

Hoy en día quien lo pasa peor son los chicos de 15 a 19 años. La mayoría de los filmes que miran vuestros hijos están repletos de consejos de ventas: Coca Cola, Levi´s, McDonald`s, Microsoft, Apple.

Películas horrorosas como “Transformers” (las cuatro entregas), la reciente “Kingsman: Servicio Secreto”, todas las películas de baile, las infinitas trilogías como “Los juegos de hambre”.

Todas son taquillazos y todas intentan manipular, los mensajes son muchos y constantes. Después del 11/S también la propaganda militar y política ha tomado un nuevo impulso.

No se puede hacer mucho; lo único es ser conscientes de que las películas pueden ser espectáculos muy guapos pero que muchas veces esconden mensajes que no son ni bonitos ni interesantes ni positivos, sino sólo la expresión de una industria demasiado potente.

Por suerte existe un cine independiente que nos ayuda, un cine donde los trabajos se realizan en plena libertad y sin pensar tanto en el mercado.

Hasta la próxima, amigos.

 

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