alegría

Por Aga Umpiérrez Flores, terapeuta Gestalt, constelador familiar según el método de Bert Hellinger. agaufma@gmail.com

Etimológicamente, la palabra “alegría” viene del latín alacer, -cris, que significa rápido, vivaz o animado.

Me parece interesante mostrar la relación que se produce entre esta emoción y la música. En función del pulso y velocidad del tempo de la música que quiere el compositor para su obra, se asignan unos nombres que hacen referencia a la rapidez con que se tiene que reproducir la partitura. Allegro es una indicación común para obras a ejecutar en tempo rápido. Es común escuchar el comentario de música “alegre”, adjetivo que también asociamos a bailes de pasos y movimientos rápidos, de movimientos de brazos amplios en que se muestra la zona del pecho.

La alegría es una emoción que surge cuando se atenúa y reduce nuestro malestar, cuando conseguimos algún objetivo deseado o sentimos sorpresa por algo inesperado que nos satisface como por ejemplo las bromas, el humor o experiencias estéticas: un concierto musical, la lectura de un buen libro, la visita a un museo, etc.

Tal vez el miedo, la rabia y la tristeza son emociones que nos informan de lo que “no tenemos o podemos perder”, mientras que la alegría nos revela lo que “sí tenemos u obtenemos”. Según Johnmarshall Reeve (1), “la alegría causa efectos en los siguientes aspectos fisiológicos: afecta a la actividad respiratoria y cardiovascular, a la actividad electrodérmica (2) y a la endocrina”. Muchas veces suben las pulsaciones y se incrementan o activan los niveles de ciertas sustancias corporales, por eso me parece interesante la analogía con la música.

Por otro lado, esta experiencia y vivencia nos ayuda a abrirnos a los demás, a compartir y promover la consecución de relaciones y vínculos con otras personas, lugares, etc. Dicha señal emocional también nos ayuda a memorizar, a la creatividad de ideas innovadoras. Muchos aseguran que la función de la alegría es asegurar la existencia de la especie humana.

Normalmente, la expresión de la alegría provoca un cambio en nuestro tono de voz, se nos desvela una sonrisa, nuestra mirada cambia y tendemos a mostrar movimientos de apertura en los brazos, e incluso el contacto corporal varía de suave a más intenso (apretón de manos, abrazos, etc.).

Desde mi punto de vista, tenemos tanto deseo de mitigar nuestro malestar que muchas veces forzamos y empujamos para conseguir alegría, y construimos un estado de felicidad artificial.

Forzamos para hablar de una manera, nos esforzamos por reír aunque no nos hagan gracia las cosas, por miedo a sentir el rechazo del otro o para que nos quieran; comenzamos a sonreír para tapar o disfrazar la emoción real que emerge desde nosotros mismos. En ese apego por no sufrir, con el tiempo podemos adoptar estrategias de contacto desestructurantes, como puede ser el uso de drogas, el abuso de actividad y deporte, el querer caer siempre bien, etc., que funcionan como analgésicos contraproducentes que nos alejan de la resolución de los problemas y responsabilidades.

Ese tipo de conductas generan una expresión poco genuina y con poca energía constructiva. En terapia Gestalt hablamos del mecanismo de la deflexión como aquel tendiente a restar importancia a la situación presente, como forma de evitar el contacto muchas veces de lo insatisfactorio, lo frustrante, a base de distintas formas de evadirse. Es imposible estar siempre alegre porque, como todas las emociones, es una consecuencia de estar en contacto con nosotros mismos y no una causa de un mal entendido bienestar.

Por mi experiencia como terapeuta y mi propio trabajo personal, el buen contacto de una alegría genuina viene determinado por un buen manejo de las situaciones de frustración, las expectativas coherentes asociadas a la consecución de metas y objetivos marcados por la persona y, por supuesto, del contacto y gestión de las emociones tratadas en ediciones anteriores (miedo, rabia, tristeza). Y, como cité en el anterior artículo dedicado a la tristeza, los músculos de la cara que movemos para expresar tristeza son los mismos que para la alegría. Forzarnos a mostrar alegría cuando sentimos otra emoción pensando que así podemos evitarla (tristeza, frustración, etc.), con el tiempo es una pérdida de contacto y una alegría disfrazada e irreal que nos quita fuerza y energía en vez de dárnosla. La vivencia pura y el contacto de cualquier emoción y su adecuada expresión nos energiza y da fuerza.

(1) Autor del libro “Motivación y emoción”.

(2) Cambio en el calor y la electricidad que transmiten los nervios y el sudor a través de la piel.

Fuentes:http://www.gestaltgranada.es/blog/-como_lidiar_con_ciertas_emociones_v_la_adiccion_a_la_alegria/

http://saskiadewinter.com/alegria/http://www.elrincondelcuidador.es/blog/sentir-y-vivir-la-alegria/https://www.google.es/amp/www.blogseitb.com/ – inteligenciaemocional/2012/05/03/ibeti-alegria/amp/

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