Por Cheyenne Lab info @ellibrito.es

¡Hola, amigos, bienvenidos una vez más! Este mes es muy particular; sí amigos, por fin después de muchos intentos conseguimos participar en uno de los muchos rodajes que tienen lugar últimamente en la isla. Y por si fuera poco tuvimos la gran suerte de ver al eterno joven Terry Gilliam dirigiendo su trabajo más tormentoso. Llevaba más de 15 años intentando conseguir su peli inspirada en el Quijote y por fin aquí, en Fuerteventura, hace unas semanas, comunicó que el rodaje estaba terminado. Ahora esperamos el estreno. Nosotros pudimos asistir a dos días de trabajo, miramos cómo el maestro lleva el set, cómo trabaja y goza de sus visiones hechas realidad por un grupo de profesionales. Los ojos de Gilliam son brillantes, felices cuando consigue crear ilusión. Una ilusión conseguida a través de muchas horas de trabajo real. Es una maravilla ver cómo esta gente faena con ganas, rapidez y máxima atención, haciendo un esfuerzo físico agotador, ya que pasan más de 12 horas diarias trabajando; están estresados pero aman lo que hacen. Observamos bien los estupendos trajes dibujados por la jefa: una mujer sueca que lleva una vida entera trabajando en el cine. Vimos a ella y su equipo vestir a los extras siempre con rapidez, amabilidad y profesionalidad. También estuvimos muy cerca de Jonathan Pryce, otro joven de 70 años con ojos de chaval.

Nuestro papel en la peli es un secreto, no podemos revelar nada; solo os decimos que quisimos que aquel día nunca terminase, nos quedamos atrapados en el personaje: nos dieron un antifaz, un gorro y una capa y empezamos a vagar por el set buscando un caballo, una espada, un dragón o una princesa que rescatar. ¡Qué guapo es vivir en el sueño, en la ilusión, aunque sea por un segundo!

Claramente esta súperaventura solo duró dos días, ahora estamos otra vez en nuestra vieja y obsoleta estación espacial, intentando encontrar pelis buenas.

Este mes, en homenaje al maestro Gilliam, os aconsejamos sus trabajos, desde sus primeros éxitos con el grupo Monty Python a sus grandes logros como director. Todos son buenos, diferentes entre ellos, pero en todos hay un mismo particular estilo grotesco e irónico; es como si los antihéroes protagonistas de sus historias llevasen dentro algo del ”caballero de la triste figura” y de su lucha con los molinos, y también de las locas visiones del mundo que siempre han estado presentes en los trabajos del hidalgo Gilliam.

Es todo por este mes de locos. ¡Adiós!

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