herrerillo canario

Por Leila Umpiérrez Flores, licenciada en Biología Animal y Ambiental. leydelei@hotmail.com

El Herrerillo común (Parus caeruleus), también llamado herrerillo canario, corbatita, frailito…, es la única especie de Canarias representada por 4 subespecies endémicas, siendo un gran ejemplo de la evolución en las islas, algo que se conoce como radiación; una misma especie llega en este caso desde el norte de África, a las diferentes islas donde encuentra distintos ambientes, al quedar las aves aisladas unas de otras, con la evolución van adquiriendo diferencias en su morfología y/o comportamiento para tener un mayor éxito en el hábitat colonizado, lo que produce que se puedan llegar a identificar como subespecies diferentes. En este caso se reconocen Parus caeruleus degener en Fuerteventura y Lanzarote, P.c. teneriffae en Gran Canaria, Tenerife y La Gomera, P.c palmensis en La Palma y P.c. ombriosus en el Hierro.

Este precioso pajarillo, se trata de un paseriforme (pájaros cantores) común de ambientes boscosos, pequeño, rechoncho y curioso, se identifica por su color azul del dorso, cara blanca, con una línea oscura en el ojo, como un antifaz, el píleo (parte superior de la cabeza) azul brillante, y de cuerpo amarillento con una banda negra en el pecho.

Para ojos inexpertos es difícil diferenciar las subespecies, ya que la variación entre islas es de tamaño del ala, del pico, coloración y estructura del canto. Sin embargo al observarlos es indiscutible reconocerlo como herrerillo canario, puesto que se diferencia de los herrerillos peninsulares, en sus tonos azules más oscuros-negruzcos y ausencia de bandas blancas en las alas.

Se trata de un ave abundante en las islas boscosas, pero el Herrerillo que encontramos en las islas orientales, sólo se encuentra en zonas con cierto porte arbóreo, como son barrancos con tarajales, palmeras, donde suele haber pequeños causes de agua, así como árboles frutales como higueras y granados. En Fuerteventura se estima que existen entre 150-350 parejas, cuya población más numerosa la encontramos en el macizo de Betancuria,Vega de Rio Palma y Barranco de Las Peñitas.

Normalmente se reproducen desde febrero a julio .Suelen poner entre 3 y 5 huevos, que depositan en nidos que hacen las hembras en agujeros o grietas, árboles, barrancos…aunque suelen estar a baja altura. Son también las hembras las únicas que incuban los huevos durante unos 15 días y luego ambos progenitores alimentan los pollos que serán volanderos a las 3 semanas de edad. Después de este tiempo los juveniles permanecen con sus padres de 5 a 6 semanas más, para aumentar su supervivencia. Son principalmente insectívoros pero también comen semillas y frutos, así como néctar de algunas plantas como mimos, piteras, aloe…

Sus principales amenazas de manera general son la destrucción y alteración del hábitat, y la depredación por parte de gatos y ratas. Además se ven perjudicados por las sustancias tóxicas utilizadas en los cultivos, así como el abandono de la agricultura sobre todo para la subespecie degener. La subespecie teneriffae parece ser la más abundante y no se encuentra en peligro, aunque también se ve perjudicada además de lo ya mencionado, por los incendios y talas de árboles. Las otras tres subespecies de La Palma, el Hierro, y Lanzarote-Fuerteventura, al tener pocos ejemplares están catalogadas en el Libro Rojo de las aves de España como “ EN PELIGRO”, y en como “Sensible ala Alteración del Hábitat” en el Catálogo de Canarias.

En las islas orientales, estas preciosas y escasas aves, se ven perjudicadas por el abandono de usos tradicionales de la agricultura, pozos, embalses, así como por la tala y quema de tarajales en las desembocaduras de barrancos. Además el desarrollo urbanístico ha provocado una pérdida de territorios e individuos, e incluso se han visto dañados por senderos recreativos que pasan por zonas claves para la especie, lo cual denota la fragilidad de estos pajarillos.

Una buena medida de conservación seria fomentar la agricultura tradicional y ecológica que cada vez esta más de moda, así como plantar y cuidar los palmerales de barrancos, algo relativamente sencillo, que puede permitir reforzar las zonas clave para esta población y así poder disfrutar observando y escuchando estos pequeños conquistadores.

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