por Gianfranco Costa, majorero de adopción.

Empezó él, el mago de la televisión, el rey del funambulismo mediático, el desastroso Berlusconi. Hay que reconocer que fue el primero en prometer bobadas que la gente más ingenua se creyó sin preguntas. Bobadas que en el fondo quizás encerraban en sí algo creíble: ¡UN
MILLÓN DE PUESTOS DE TRABAJO! Recuerdo que muchos conocidos hace veinte años decían que, como él había sido capaz de crear un imperio económico de la nada, por qué no dejarle probar… Y
ganó las elecciones: el mundo está lleno de ingenuos dispuestos a beberse cualquier sopa, inclusolas más imposibles.
También hay algunos hoy en día capaces de tragarse la bobada que el señor de la imagen (pido disculpas a mis amigos payasos de verdad,
que son gente mucho más seria y que respeto profundamente) va contando a lo largo de la gran nación española: “Nos esperamos un millón de visitantes cada año para admirar la obra de Chillida,
que vamos a hacer, sí o sí, en Tindaya”. Tuvo la valentía de decirlo también en tierra vasca, donde el Museo de Chillida tuvo que cerrar
por fracaso económico.
De todos modos, los más ingenuos puede que le crean, tragándose la bobada, porque los periódicos siguen publicando noticias de continuos
récord de llegada de turistas a Fuerteventura, muchos millones de visitantes cada año. La gran bobada parece tener un fondo creíble.

Señoras y señores, en el curioso caso en que se encuentren ustedes en el grupo de los más ingenuos, a continuación me gustaría ofrecerles algunos datos para demostrar que la dichosa bobada es en realidad, una bobada muy, muy gorda. Saben ustedes cuántos días tiene un año? Claro que lo saben: 365 (366 en los años bisiestos). Con lo cual la bobada esa conllevaría la genial consecuencia de unos 2739 (DOS MIL SETECIENTOS TREINTA Y NUEVE) turistas que diariamente
visitarían el sarcófago del faraón Chillida I.
Cada día la cola de las casi tres mil personas llegaría hasta la salida de Villaverde, bajo el sol placentero de nuestra amada isla. Bueno, sin
ambulancia ni baños porque no hay disponibles; confiarían en la buena suerte, como siempre pasa por acá.
Teniendo en cuenta que en las 24 horas caben 86 400 segundos, cada visitante tendría a su disposición la friolera de unos 31 segundos y medio para recorrer el túnel de 15 metros de ancho y 100 metros de largo, para llegar finalmente al absurdo cubo vacío de 50 metros de lado, mirarlo y, si el techo plano de 50 metros no se le derrumba
encima, continuar saliendo de prisa para dejar el sitio a otro atlético turista. Esto si la obra estuviese abierta las 24 horas del día, porque el horario medio de apertura de los museos es mucho más corto (cero horas en el caso de La Casa Alta de Tindaya, sin abrir treinta días después de su inauguración y que sigue alegremente cerrada). Ni Usain
Bolt, el campeón del mundo de los 100 metros, lo 13 conseguiría.

Los que viven en Tindaya, además, saben muy bien que solo se ven homenajeados por el paso de una guagua tres veces al día. La muy amable empresa de transportes isleños les otorga cada día, con cristiana benevolencia, tres vehículos de ida y tres de vuelta.
Hacia Puerto Cabras a las 7:00 h, a las 12:30 h y a las 17:30 h; a las 10:30h, a las 12:30 h y a las 17:30 h las de vuelta hacia El Cotillo. Tres guaguas.
Con este encomiable nivel de servicios de transporte hay que mover un millón de turistas cada año, vamos a ver cómo. Empezamos amasando los primeros mil en la guagua de las 7:00 h, la que sale de Corralejo. Quizás no haya asientos para todos, pero así bien comprimidos tampoco harían falta. La caja de sardinillas de la vuelta podría recogerles a eso de las 12:30 horas, siempre que los 31 segundos de visita le hayan permitido disfrutar del mágico entorno sin antes llamar a laGuardia Civil.

Esa sí que sería verdadera creación de puesto de trabajo: los amasadores de turistas en las guaguas. Ah no, disculpen, me comunican que no se va a gastar ni un duro de dinero público, dicen
que no se puede contratar a nadie. Pues los queridos turistas tendrán que amasarse ellos solitos. Lástima.
A propósito de dinero, si no se va a gastar dinero público, ¿de dónde salieron los 60 000 euros para la creación de la fundación pública que
gestiona el proyecto? Bueno, es pública, pero prevé una comisión capaz de tomar las decisiones importantes en la que las entidades privadas eligen, todas relacionadas más o menos directamente
con la familia Chillida. ¿Y la reforma de La Casa Alta, totalmente dedicada al sarcófago ese?,
¿Cómo se pagó?
¿Y de dónde se sacará el dinero para pagar lasexpropiaciones de los terrenos necesarios para la obra?

Porque en el caso de que no lo sepan, el Monumento Natural de Tindaya tiene dueños. Nos toman por idiotas. Esto sí duele.
Me gustaría preguntarle al genio de estrategia económica, el de la foto, el del millón de visitantes: si no va a ver inversión de dinero público y
una empresa privada tendrá en exclusiva el derecho de explotación de la obra, ¿qué le queda a Canarias y a Fuerteventura en particular?
Canarias se merece gobernantes serios. Eso, señorías, constituiría la verdadera novedad.

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