El “darse cuenta”: la capacidad para el contacto con uno mismo y con los demás

    por Aga Umpiérrez Flores, terapeuta Gestalt, constelador familiar según el método de Bert Hellinger. agaufma@gmail.com

    ¿Cuántas veces utilizamos las expresiones «no me di cuenta», «ahora me doy cuenta», «si me hubiera dado cuenta», etc.? Este tipo de expresiones denota la fuerza que constituye el poder tomar consciencia de los procesos que nos ocurren en nuestras interacciones y en nuestro interior para aceptar o transformar nuestras vivencias.

    El “darse cuenta” es una propiedad que todos tenemos. Un recién nacido se limita a alguna snecesidades de orden fisiológico y de afecto generales, como agrado o desagrado. A medida que se va creciendo y el mundo va creciendo para el individuo, también aumenta su capacidad de darse cuenta”: tengo tal o cual apetito, o siento tal o cual emoción.

    Hasta aquí parece un fenómeno sencillo, pero a esto hay que añadirle las relaciones con nuestros padres (en primera instancia), la familia, las relaciones interpersonales, el grupo, la sociedad, etc. Como vemos, vivimos en un «campo de información» que nos impregna, donde lo externo nos imprime sus deseos y expectativas, reglas, exigencias, etc.

    Recordemos que nacemos con una necesidad innata de búsqueda de la pertenencia al grupo y al clan. Por este motivo, empezamos a identificarnos con las proyecciones y expectativas más cercanas de nuestros padres, educadores, tutores, etc, para poder pertenecer y sentirnos parte del grupo, muchas veces actuando en función de las expectativas externas y en contra de nuestras sensaciones y deseos interiores.

    Poco a poco, en mayor o menor medida según los valores del grupo en que nacimos y fuimos educados, vamos «divorciándonos» de esta capacidad de “darse cuenta”. Y, probablemente, llega un punto (según el área vital en la que nos movamos) que mi capacidad de «darme cuenta» quede mermada: tal vez no sepa qué quiero, confundo lo que yo siento con lo que quiere el grupo que sienta, no sé que es real ni sé qué es fantasía, desconfío de lo que siento y encima no logro manejarme bien con lo que me pasa.  

    Muchos de los problemas que sufrimos se originan porque no somos capaces de saber lo que nos pasa, no logramos estar en presente porque recuerdos o imaginaciones sobre el futuro las tomamos como reales sin ni siquiera ser conscientes, probablemente porque nos desconectamos de esta capacidad de “darnos cuenta” o no la tenemos entrenada, con la consecuente disfunción de no poder discernir adecuadamente.

    Ir recuperando esta capacidad e ir afinándola ayuda a percatarnos mejor de nuestras emociones, sensaciones, etc; ajustarnos mejor a nuestra naturaleza, tomando consciencia de nuestra realidad, de nuestros deseos, para poder pasar a otro estadio de la condición humana que es elegir con consciencia, con autonomía y con más posibilidades en contraposición a vivir como un autómata y zombie.

    La terapia Gestalt distingue tres tipos del “darse cuenta”:

    1.- El “darse cuenta” del mundo exterior, es decir, el contacto por medio de los 5 sentidos con los objetos y eventos en el presente: lo que veo, palpo, toco, degusto, huelo, escucho.

    2.- El “darse cuenta” del mundo interior, esto es, el contacto sensorial con eventos internos del presente en relación a mi musculatura, manifestaciones físicas de las sensaciones, emociones, sentimientos. Estos dos tipos de percepción engloban el cómo yo vivo mi realidad ahora, en el presente.

    3.- El “darse cuenta” de la fantasía es toda la actividad mental que abarca más allá de lo que transcurre en el presente: imágenes de cosas, ideas, pensamientos, planificaciones de futuro, recuerdos, etc.

    Al trabajar su propio «darse cuenta”, la persona va desarrollando su capacidad de ponerse en contacto con el proceso que está creando, obteniendo mayor información sobre sí mismo, pudiendo así manipular su realidad y satisfacer sus necesidades.

    Aceptar lo que uno siente, piensa y hace en ocasiones puede resultar chocante, pero es lo que le permite a uno situarse para poder decidir. Cabe distinguir que aceptar incondicionalmente la experiencia de lo que se siente y le ocurre a uno no significa someterse a esa realidad, sino saber desde qué lugar se parte y poder elegir teniéndose en cuenta a uno mismo.

    Al hacer este proceso en terapia, nuestra tarea como terapeutas es ayudar a la persona a que profundice en el contacto y pueda tomar consciencia de qué evita, cuándo se interrumpe, etc., cuándo se limita su percepción o cuándo sí satisface sus necesidades, ayudando así a afinar la destreza de «darse cuenta”.

    Unas preguntas que pueden ayudar a recuperar esta capacidad son:

    • ¿Qué estoy viendo ahora mismo? ¿Me percato de algún sonido o ruido? ¿Cómo siento mi boca?  ¿Noto algún olor?
    • ¿Cómo siento mi cuerpo en este instante? ¿Qué sensaciones físicas siento? ¿Dónde?
    • ¿Qué emoción siento en este momento? ¿Miedo, rabia, tristeza, alegría, tranquilidad? ¿Una mezcla de algunas de ellas? ¿Un poco de alguna emoción o más intensa otra?
    • ¿De qué pensamientos me doy cuenta ahora? ¿En qué pienso?
    • ¿Qué emoción siento al pensar lo que pienso en este instante?

    Fuentes: –http://www.itgestalt.com/cms/system/files/private/el_darse_cuenta.pdf

    -El Darse Cuenta, de John O. Stevens, editorial Cuatro Vientos.

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