Fidel

Por Gianfranco Costa, majorero de adopción.

¿Qué quiere decir “revolución”? 

Según el diccionario de la Real Academia Española, una revolución es un “cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional. Levantamiento o sublevación popular”. En otras palabras, hay un sistema que al pueblo no le gusta y por lo tanto lo cambia, o por lo menos lo intenta. Esta palabra, entonces, de forma implícita, implica la presencia de dos bloques contrapuestos: el que gestiona el poder y dicta las reglas y las normas que el pueblo tiene que seguir necesariamente; y otro al que todo esto no le parece justo para el buen funcionamiento de la sociedad. Opresores y oprimidos.

Lo que quiere decir que el escenario en el que se desarrolla una revolución prevé un grupo de personas que oprimen a otro y que generalmente, para mantener su situación de privilegio, lujos y riqueza, hacen todo lo que pueden para aplastar los derechos y el bienestar de los demás. Dos bloques, entonces, dos grupos distintos de personas. En la historia de nuestro planeta muchas veces algunos han intentado revolucionar el funcionamiento de un Estado, y la mayoría de las veces no lo han conseguido. Todos estos esfuerzos llevan generalmente a una lucha violenta, gente que mata a otra gente. Mucha sangre derramada y mucho sufrimiento que, de una forma u otra, afectan a ambos bloques que se enfrentan. Un proceso revolucionario, entonces, es la manera de hacer concreta la idea de rebeldía.

Esta reflexión me surgió echando un vistazo a los telediarios españoles y europeos en el momento en que Cuba rendía homenaje a su líder fallecido, el comandante Fidel Castro. Curiosamente, los periodistas de las televisiones nacionales de los Estados europeos gobernados por la derecha, como España, solo transmitían imágenes de gente alegre de fiesta, en lugares lejanos de Cuba.

Otros telediarios europeos enseñaban en el mismo instante millones de personas en Cuba llorando por la muerte de su líder. Nace casi de forma espontánea preguntarse quién tiene razón, si los exiliados de fiesta o los cubanos llorando. Desde mi punto de vista, estoy convencido de que los dos tienen razón. Precisamente porque la revolución es un proceso que se genera enfrentando dos bloques contrapuestos, habrá necesariamente alguien que gana y alguien que pierde. En el caso de la revolución cubana, me parece bastante evidente que los que se fueron de Cuba son los que perdieron. Con lo cual parece normal verlos sonreír en el momento en que el comandante y jefe de la revolución muere. Pero si el periodista que les da resonancia no aclara que los pocos cientos de fiesta son los que perdieron la revolución, o sus descendientes, todo el contexto queda distorsionado. Esta manera de hacer periodismo me parece totalmente en contra de los principios que deberían mover el estilo de un periodista: subrayar que hay algunos cientos de fiesta y esconder interesadamente que hay millones llorando es alterar la realidad. Esto no es periodismo, sino hacerse esclavos de un régimen totalitario e injusto en su propia esencia.

Por ejemplo, resultaría mucho más honesto señalar que la revolución no la hizo solo el señor Fidel Castro, sino todo el pueblo cubano oprimido, harto de vivir en la miseria y de aguantar la prepotencia, y que en su momento precisamente por esto quiso luchar contra sus opresores. También deberían hacer notar que en Cuba la asistencia sanitaria es completamente gratuita, y que lo mismo pasa por lo que se refiere a la instrucción. Y que consiguieron todo esto aguantando décadas de violento embargo estadounidense.

El de Cuba solo es un ejemplo de esta manera de insultar la profesión periodística. Otro pequeño ejemplo, para reírse un rato: ningún telediario español notó una frase pronunciada por el propio papa Francisco, cuando dijo que los comunistas siguen una filosofía mucho más cercana al propio Evangelio. Resulta bastante evidente que un régimen mucho más cercano al franquismo elija y ordene este tipo de comportamiento a sus esclavos periodistas.

Por suerte, de todas formas quedan los hechos, como por ejemplo la foto de allí arriba. Por suerte, quedan unos pocos periodistas honestos.

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